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León XIV cerró su paso por Lourdes con un rechazo a la eutanasia y un encuentro con víctimas de abusos

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El papa León XIV dedicó este domingo, en el santuario mariano de Lourdes, una jornada a los enfermos y a las víctimas de abusos del clero. Reiteró su rechazo a la eutanasia, en momentos en que Francia debate la ayuda para morir, y recibió en privado a siete personas abusadas dentro de la Iglesia.

La agenda empezó temprano, con un encuentro con los obispos franceses. Antes de hablar, el Pontífice se detuvo en silencio frente a la fotografía “El niño que llora”, el símbolo que la Iglesia de Francia eligió para representar a las víctimas de violencia sexual.

Luego reconoció las medidas adoptadas por el episcopado y pidió “la máxima vigilancia” frente a lo que definió como “un flagelo doloroso”.

El Papa aludió así a los cambios que siguieron al informe CIASE de 2021, que estimó en más de 210.000 los menores abusados por casi 3.000 sacerdotes y religiosos entre 1950 y 2020.

Por la tarde, en una residencia del obispado a pocos pasos del santuario, León XIV recibió durante dos horas a cuatro hombres y tres mujeres que sufrieron abusos en parroquias, colegios internados, congregaciones y movimientos eclesiales.

Los siete fueron elegidos por la Conferencia Episcopal y la de religiosos tras consultar a unos 40 grupos y personas. Entre ellos hay testigos del caso Bétharram y víctimas de los sacerdotes Bernard Preynat y Bernard Tartu. Otra de las personas es sobreviviente del abate Pierre.

El número reducido, que generó críticas de algunas asociaciones, fue una decisión deliberada para permitir un intercambio a fondo, según explicó el Vaticano.

Según la Santa Sede, el Papa habló con cada uno por separado, escuchó sus testimonios y sus propuestas para evitar que se repita, y rezó con algunos. Al final agradeció el testimonio de todos y renovó su compromiso de que ese mal no le ocurra a nadie más.

Fue durante la misa, frente a unos 150.000 peregrinos y 7.000 enfermos, cuando el Pontífice pronunció una de las homilías más enérgicas de su pontificado.

Sin nombrar la norma, sonó como respuesta a la ley de ayuda a morir aprobada hace poco en Francia. Advirtió contra la tentación de dar muerte “bajo la apariencia de una falsa compasión” y sostuvo que la medicina no debe ser servidora de la muerte programada. “Lo legal no es necesariamente moral”, afirmó.

Ante los enfermos, en el centro de acogida Accueil Notre-Dame, insistió en que la dignidad humana “no se mide ni se debate” y llamó a los profesionales de la salud a cuidar a quien sufre, no a eliminarlo. Pidió más cuidados paliativos y le dijo a los enfermos que no son una carga sino “el corazón latente de nuestra humanidad”.

Su postura no es unánime entre los fieles: según sondeos citados por La Nación, el 72% de los católicos practicantes franceses apoya el derecho a morir.

La jornada terminó con la procesión de antorchas. A diferencia de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que solo la presenciaron, León XIV caminó junto a los peregrinos detrás de la imagen de la Virgen.

Este lunes viajará a Metz, la última etapa de su visita. Allí participará en un encuentro interreligioso, dará un discurso sobre las raíces espirituales y políticas de Europa ante líderes invitados por Emmanuel Macron y celebrará una misa en la catedral de Saint-Étienne, antes de volver a Roma.

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