
La Infantería de Marina de EE.UU. retira el primer avión de combate que no necesitaba pista de aterrizaje
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La Infantería de Marina de Estados Unidos celebró este miércoles el fin del servicio del AV-8B Harrier II, el avión de despegue y aterrizaje vertical que ha sido un ícono de la aviación de los marines durante 55 años, uno de los favoritos de los espectadores de exhibiciones aéreas y, en su momento, protagonista de un controversial anuncio de televisión de Pepsi.
“Como plataforma que se ha desplegado continuamente por todo el mundo, el Harrier será recordado por su distinguido legado de combate, su legendaria capacidad de despegue y aterrizaje vertical/corto (V/STOL) y por los infantes de marina y marineros que hicieron especial a esta comunidad”, dijo el teniente coronel John B. Cumbie, comandante del Escuadrón de Ataque de Infantería de Marina 223, en una ceremonia de despedida para la última unidad estadounidense en volar el Harrier.
Cerca de 5.000 personas en la base aérea de la Infantería de Marina de Cherry Point, en Carolina del Norte, observaron cómo los aviones exhibían las capacidades que los hicieron famosos, incluyendo la capacidad de mantenerse en vuelo estacionario, despegar y aterrizar verticalmente.
Los Harrier están propulsados por un único motor turbofán, cuyo empuje se distribuye a través de cuatro toberas que pueden girar desde la posición horizontal hasta la vertical.

El teniente coronel de la Infantería de Marina John B. Cumbie, a la izquierda, comandante del Escuadrón de Ataque 223, y el cabo Myles J. Howard, mecánico de aeronaves de ala fija, permanecen firmes frente a un AV-8B Harrier II en la Estación Aérea de la Infantería de Marina Cherry Point, el 3 de junio de 2026.
Cabo primero Donovan Pimentel/Infantería de Marina de Estados Unidos
Esa capacidad les permitió a los aviones operar desde lugares sin pistas de aterrizaje o desde las cubiertas de los buques de asalto anfibio de la Marina estadounidense, lo que significaba que podían mantenerse más cerca del combate real que otros aviones de combate que operaban desde bases aéreas o aeropuertos con pistas de aterrizaje completas.
“El Harrier no necesitaba un aeródromo”, declaró al sitio web Task & Purpose el teniente coronel retirado de la Infantería de Marina, Mike Rountree, antiguo piloto de Harrier.
“Lo único que hacía falta era un infante de Marina pilotándolo” y unos pocos miembros de la tripulación de apoyo para repostar combustible y cargar las armas en lugares de aterrizaje rudimentarios, dijo.
Según el museo de aviación Wings Over the Rockies, los aviones cuentan con seis soportes bajo las alas para bombas o cohetes, así como un cañón de 25 milímetros con capacidad para disparar 300 proyectiles.
“Con su carga completa, un Harrier transporta más potencia de fuego que un bombardero B-17 Flying Fortress de la Segunda Guerra Mundial”, afirma la página web del museo.

Aviones AV-8B Harrier II de la Infantería de Marina se exhiben frente a una multitud en la base aérea Cherry Point, el 3 de junio de 2026.
Cabo primero Bryan Giraldo/Infantería de Marina de EE.UU.
Según el museo, durante la operación Tormenta del Desierto de 1991, en Iraq, el comandante estadounidense, el general Norman Schwarzkopf, elogió al Harrier como una de las siete armas más importantes de la campaña.
El Harrier ha participado en conflictos como las operaciones Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto; la campaña de la OTAN de 1999 contra la antigua Yugoslavia; la guerra de Afganistán; la guerra de Iraq; la intervención de 2011, en Libia; la lucha contra ISIS en todo Medio Oriente; y, más recientemente, en el mar Caribe como parte de la flotilla estadounidense que operaba frente a las costas de Venezuela antes de la captura de Nicolás Maduro, en enero.
“Una y otra vez, el Harrier se distinguió como una plataforma aérea táctica letal, capaz y versátil”, afirma un comunicado de la Infantería de Marina.
Diseño británico
El AV-8B es la segunda versión del avión de despegue vertical.
Las primeras versiones, el AV-8A, fueron desarrolladas por la empresa británica Hawker Siddeley, en la década de 1960. Los marines comenzaron a utilizar los aviones en 1971 y, según un comunicado de prensa de la Infantería de Marina, a partir de 1985 contaron con una versión mejorada, el AV-8B, fabricado por McDonnell Douglas.
Según un informe de la Oficina de Contabilidad General de 1996, cada avión costaba alrededor de US$ 23,6 millones en la década de 1990. Ajustando la inflación, eso equivale a unos US$ 50 millones en la actualidad. Según analistas de aviación, la Infantería de Marina llegó a operar alrededor de 280 Harriers.
Los Harriers están cediendo su lugar al F-35B, la versión de despegue y aterrizaje vertical del avión de combate furtivo, que cuesta alrededor de US$ 110 millones cada uno.

Infantes de Marina colocan calzos y cadenas en un F-35B Lightning II durante las prácticas de aterrizaje en cubierta a bordo del buque de asalto anfibio de clase Wasp USS Kearsarge, el 13 de mayo de 2026.
Marinero Matthew Tener/Marina de Estados Unidos
Los F-35B ya operan desde buques de asalto anfibio estadounidenses y han sido desplegados en el USS Tripoli, que participa en la guerra actual con Irán.
Aunque el miércoles marcó la última acción operativa de los aviones estadounidenses, estos permanecerán en la flota de las Fuerzas Armadas de Italia y España, que los operan desde buques anfibios más pequeños.
Los aficionados a la aviación militar estadounidense también podrán verlos en el aire, ya que los aviones restantes serán trasladados a museos para su exhibición final.
El premio mayor
Además de su historia en el campo de batalla, el Harrier también ocupa un lugar único en la cultura popular: en una ocasión se ofreció como premio por beber mucha Pepsi.
En la década de 1990, la compañía de refrescos lanzó una promoción y un anuncio durante la Super Bowl en el que el Harrier se ofrecía como premio por acumular 7 millones de puntos consumiendo productos Pepsi.
Pero también existía la posibilidad de comprar Puntos Pepsi por 10 centavos cada uno si no podías beber suficiente refresco.
John Leonard, un estudiante de Negocios, de 21 años, descubrió que eso significaba que podía conseguir el Harrier por tan solo US$ 700.000 y consiguió inversores para financiar su proyecto.
Pepsi negó el acuerdo, y aunque Leonard demandó a la compañía de bebidas para recuperar el avión, un tribunal federal desestimó la demanda.
“El tono irónico del anuncio no llevaría a una persona razonable a concluir que una empresa de refrescos estaría regalando aviones de combate como parte de una promoción”, dijo el tribunal al desestimar la demanda de Leonard.
Fuente: CNN