
Cómo la Generación Z convirtió la IA generativa en parte de su rutina digital y por qué desconfía de ella
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La inteligencia artificial generativa ya forma parte de la vida cotidiana de millones de jóvenes, pero su adopción viene acompañada de una creciente preocupación sobre sus efectos en el aprendizaje, el pensamiento crítico y las relaciones humanas.
Una nueva encuesta realizada en Estados Unidos revela que la Generación Z utiliza herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude principalmente para trabajar, estudiar y buscar información, aunque al mismo tiempo teme que esta tecnología termine debilitando capacidades cognitivas fundamentales.
El estudio, elaborado en octubre de 2025 por investigadores junto a Gallup y la Walton Family Foundation, consultó a casi 2.500 adultos estadounidenses de entre 18 y 28 años. Los resultados muestran que el 74% utilizó un chatbot de IA al menos una vez durante el último mes, consolidando a esta generación como el grupo que más rápido ha integrado la inteligencia artificial en su rutina digital.
Lejos de la idea de que los jóvenes usan la IA como “compañía emocional” o sustituto de relaciones humanas, la encuesta concluye que el uso dominante es mucho más pragmático. El 65% afirmó utilizar chatbots como alternativa a las búsquedas en Google, mientras que el 52% los emplea para tareas laborales y el 46% para ayuda en redacción.
Aunque existen usos más personales, estos aparecen en un segundo plano. Un 32% aseguró haber recurrido a la IA para recibir consejos sobre relaciones o decisiones de vida, mientras que el 23% dijo utilizarla “como un amigo”. Solo el 10% afirmó usar estos sistemas como si fueran una pareja sentimental.
Los datos contradicen parte del discurso impulsado por ejecutivos tecnológicos. El CEO de OpenAI, Sam Altman, había señalado recientemente que los usuarios jóvenes utilizaban ChatGPT como un “asesor personal”. Sin embargo, la encuesta apunta a que la productividad sigue siendo el principal motor de adopción.
Otro de los hallazgos más relevantes es que muchos jóvenes utilizan inteligencia artificial incluso cuando tienen prohibido hacerlo. El 16% reconoció haber empleado herramientas de IA para realizar tareas pese a restricciones explícitas en su lugar de trabajo o estudio. Para los investigadores, esto demuestra que la discusión ya no pasa por impedir el uso de la IA, sino por cómo integrarla de manera transparente y responsable.
Sin embargo, la rápida expansión de estas herramientas también viene acompañada de una profunda desconfianza. El 79% de los encuestados teme que la IA vuelva a las personas más perezosas, mientras que el 62% cree que podría hacerlas menos inteligentes.
Gran parte de esas inquietudes gira en torno a la pérdida progresiva de habilidades cognitivas. El 68% expresó preocupación por el desplazamiento del aprendizaje práctico, es decir, por dejar de desarrollar capacidades debido a que la IA realiza las tareas automáticamente.
Algunos participantes describieron esta dependencia como una amenaza directa al pensamiento humano. Uno de ellos comparó el desuso del cerebro con un músculo que se atrofia cuando deja de ejercitarse.
Estas preocupaciones coinciden con investigaciones recientes realizadas por instituciones académicas. Un estudio del Media Lab del MIT encontró que estudiantes que escribieron ensayos con ayuda de IA mostraban menor actividad cerebral y más dificultades para recordar el contenido producido.
El 65% de los jóvenes también manifestó inquietud por el debilitamiento del pensamiento crítico. Según la encuesta, muchos consideran que los chatbots fomentan respuestas rápidas y superficiales en lugar de análisis profundos.
Otro experimento desarrollado por investigadores de la Wharton School concluyó que quienes investigaban utilizando IA dedicaban menos esfuerzo y generaban resultados menos completos que quienes recurrían a búsquedas tradicionales.
La tercera gran preocupación detectada en el estudio es el impacto social. El 61% teme que la IA sustituya el aprendizaje obtenido mediante conversaciones con otras personas, incluidos profesores, compañeros o mentores.
Para los investigadores, este temor aparece en un contexto donde la interacción presencial entre jóvenes ya venía disminuyendo debido al aumento del tiempo frente a las pantallas y las redes sociales.
Pese a estas dudas, la Generación Z continúa adoptando la IA de forma acelerada. La diferencia es que, a diferencia de otros ciclos tecnológicos anteriores, muchos jóvenes parecen conscientes de los riesgos potenciales de depender demasiado de estas herramientas.
El estudio concluye que la inteligencia artificial se está convirtiendo en un componente habitual del trabajo, la educación y la productividad diaria, pero también en una tecnología que genera ansiedad sobre el futuro del aprendizaje y las capacidades humanas.
Fuente: Infobae